1 de febr. 2006

Allò sinistre en l'experiència vital i estètica

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ALLÒ SINIS
TRE

EN L'EXPERIÈNCIA VITAL I ESTÈTICA

Dia 18 de març 2006
Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB)




Participants:

Tania Alba (Universitat de Barcelona)
Clara Arnó (Invenció Psicoanalítica)
Mercè Collell (Invenció Psicoanalítica)
Mercedes Lasala (Invenció Psicoanalítica)
Jacques Nassif (Invenció Psicoanalítica)
Pere Salabert (Universitat de Barcelona)


mail: alba@ub.edu

Què determina que una imatge, percepció, veu, somni esdevingui sinistre?
Sinistre es relaciona amb allò funest, amenaç
ant, inquietant, desgraciat, per contrast amb allò apaivagador, acollidor, casolà, familiar.
Si bé és cert que hi ha experiències en les que tot subjecte queda trasbalsat, l'experiència inquietant és singular i subjectiva, es relaciona amb la lectura que el subjecte fa d'allò que percep. La vivència d'allò sinistre sol ser fugaç, efímera però tremendament potent en la seva força colpidora. Incideix d'una forma directa al centre de l'existència. Invenció Psicoanalítica.

¿Qué determina que una imagen, percepción, voz, sueño, devenga siniestro?
Siniestro se relaciona con aquello funesto, amenazante, inquietante, desgraciado, por con
traste con lo tranquilizador, acogedor, doméstico y familiar.
Si bien es cierto que hay experiencias en las que todo sujeto se trastoca, la experiencia inquietante es
singular y subjetiva, se relaciona con la lectura que el sujeto hace de aquello que percibe. La vivencia de lo siniestro suele ser fugaz, efímera, pero tremendamente poderosa en su fuerza. Incide de una forma directa en el centro de la existencia. Invenció Psicoanalítica.


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Programa:

——————— MATÍ ————————

Moderen: Clara Arnó i Mercè Collell

—— 9:30 - 9:45

Recepció i inscripcions

—— 9:45 - 10:00

Clara ARNÓ : Presentació / Presentación

—— 10:00 - 10:45

Pere SALABERT: «Mecanismes d'allò sinistre com a categoria estètica».

—— 10:45 - 11:30

Mercedes LASALA : «La inquietant estranyesa».

——15 mins. Pausa

—— 11:45 - 12:30

Tania ALBA: «Bifurcació de camins en la introspecció pictòrica».

——Dinar

——————— TARDA ————————

Moderen: Pere SALABERT i Jacques NASSIF

—— 15:30 - 16:15

Jacques Nassif : «D'allò tràgic a allò sinistre en l'obra de Juan José Millás».

—— 16:15 - 17

——15 mins. Pausa

—— 17:30 - 18:00

Clara ARNÓ : «Un pacte amb el diable».

——18 - 18:15

Pere Salabert : Cloenda i recapitulació» del Col·loqui


Informació general:


Atesa la capacitat limitada de l’espai, és aconsellable inscriure´s uns dies abans a la secretaria del Col·loqui, a l'adreça electrònica alba@ub.edu.
Tots aquells que vulguin rebre certificat d’assistència hauran de demanar-ho per correu electrònic fins el dia 16 de març tot indicant Nom complet, número de document d’identitat i adreça postal.
En aquest cas, els caldrà assistir a la totalitat dels actes.
Es prega la màxima puntualitat.
Assistència gratuïta

Dada la capacidad limitada del espacio, es aconsejable inscribirse unos días antes en la secretaría del Coloquio, en la dirección electrónica alba@ub.edu.
Aquellos que quieran recibir certificado de asistencia debarán pedirlo por correo electrónico hasta el día 16 de marzo indicando Nombre completo, número de documento de identidad y dirección postal. En este caso, será preciso asistir a la totalidad de los actos.
Se ruega la máxima puntualidad.
Asistencia gratuita.


― ― ―


8 de des. 2005

Reseña de «La Redención de la Carne» de Pere Salabert, por Tania Alba



LA escena del crimEN: gÉnesiS Y destINO final del ALma

Tania Alba

Pere Salabert, La redención de la carne. Hastío del alma y elogio de la pudrición, Murcia, CendeaC, 2004.

La redención de la carne. Hastío del alma y elogio de la pudrición inaugura la colección Excursos de las publicaciones que lleva a cabo el Centro de Documentación y Estudios Avanzados de Arte Contemporáneo (CendeaC) de Murcia, entidad dedicada a la investigación, reunión do­cu­men­tal y di­fu­sión del arte contemporáneo.

Ahora bien, como palabras previas a la presentación del libro querría hacer algunas observaciones que no sólo conciernen al «género» de la reseña bibliográfica, sino que también están perfectamente justificadas –al menos en mi opinión– en relación tanto a la obra presente del autor como a su producción en general. Puesto que la reseña pretende dar noticia de una obra reciente, y que en mayor o menor medida toma partido al recomendar o no su lectura, crea en los futuros lectores unas expectativas que se resolverán favorable o desfavorablemente en la consumación del acto. Y considero plausible utilizar aquí también la calificación de «prejuicio», entendiendo este término en su sentido original: juicio previo, y a menudo erróneo, que se emite en relación a todo aquello sobre lo que todavía no se ha adquirido un conocimiento suficiente. Lo más curioso, entonces, es que a mi entender la impresión final de la lectura resulta más afortunada cuanto más interviene el factor sorpresa (de grata sorpresa), es decir, cuando la obra supera nuestras expectativas y queda patente la equivocación de nuestro juicio, dándonos a conocer, además, una nueva teoría. Por decirlo de otro modo: todo esto se produce cuando recibimos una doble lección. En el caso del autor que aquí nos ocupa no es necesario esperar la reseña previa a la lectura del libro, pues a menudo el fenómeno al que me refiero ya se produce en el título de la obra, que de tan apropiado y sintetizador del discurso que introduce es, al principio, engañador. Y con esto quiero decir que nutre nuestro prejuicio con tal de mostrarnos después su plausibilidad. Pero no es el autor quien nos hace caer en esta supuesta trampa; por el contrario, es el propio lector quien transforma en cebo lo que en realidad era alimento.

En mis tareas de colaboración en los trabajos del autor, a menudo he ejecutado las instrucciones recibidas sin que me fueran reveladas las «causas finales» de los trabajos que cumplía, es decir, manteniendo aquella «distancia de seguridad» que debía evitar los aludidos prejuicios relativos a la obra ya acabada. Y he experimentado con una cierta frecuencia ese «fenómeno» del que querría advertir con esta breve reflexión. Podría aportar más pruebas de lo que acontece con estos libros —los intentos de clasificación temática y metodológica por parte de las bibliotecas y algunas reseñas que los ubican en unas determinadas disciplinas, con el resultado de ofrecernos una visión parcial que sólo se evitaría con una lectura atenta— para así insistir en el peligro de caer en la engañosa conjetura. Y sin embargo, saber que no por eso evitaría el encanto de la doble lección que nos dará el libro que trato aquí, nuevamente por un doble motivo; uno, porque la advertencia no puede evitar que el lector tenga unas expectativas, y el otro porque la originalidad del autor es tal que no hace más que excederlas.

Hasta ahora me he referido a la producción de Salabert en general, quedando claro que la «norma», si es que hay alguna, es aplicable al particular, sobre todo porque La redención no se concibe sin el libro que lo precede. El mismo autor nos advierte que se trata de un «retorno a la escena del crimen» para dejar constancia de su acción allí donde el pretendido autor del crimen perfecto retira las evidencias inculpadoras. Y no se trata de mera insistencia, puesto que si el «retorno» quisiera compararse con la obsesiva penúltima pincelada de Leonardo en la Gioconda, habría que concebir el cuadro más bien en extensión centrífuga: un cuadro que no se amplía en los límites del marco, sino que los ensancha para explicar lo que en la primera versión tan sólo había quedado en la insinuación. Y aquí debo referirme nuevamente al modus operandi del autor, que nos remite a una historia —que tan a menudo evita metodológicamente—, a un hilo conductor que sigue su pensamiento inquieto intentando aglutinar los múltiples intereses que no parecen encontrar un punto y aparte, sino que abren caminos, se ramifican y brotan en otro lugar, pues sólo pueden desarrollarse en el aire renovado de otra obra o quizá producir —si se sometieran en su totalidad a un largo análisis— una enciclopedia.

El antecedente inmediato en este caso —la «escena del crimen» ya referida—, que no hay que perder de vista si queremos entender La redención, es Pintura anémica. Cuerpo suculento (Barcelona, Laertes, 2003), cuya lectura es recomendable, pero no imprescindible para la comprensión de su secuela, puesto que el autor elabora en La redención la oportuna síntesis de los puntos determinantes. Cabe decir que no siempre es fácil la síntesis para un autor si ha de evitar la repetición de lo que ya había escrito.

El cometido principal de Pintura anémica había sido comprender los cambios, más que la evolución, de las formas artísticas a lo largo de la historia en su oscilar entre el rechazo y la atracción por el cuerpo, por la materia. Una larga tradición teórico-filosófica del arte, ejemplificada con el modelo histórico de Ortega y Gasset en su ensayo «Sobre el punto de vista en las artes», había querido demostrar que el arte presentaba una tendencia a cumplir una presunta finalidad, siempre en progresión. Pero el ámbito de aplicación de la teoría había sido siempre parcial, había pasado por alto todos aquellos periodos, todas aquellas manifestaciones, que no se ajustaban a tal finalidad. Invalidada, así, por fragmentaria y rígida, aquella propensión hacia un ideal, todo apuntaba al hecho de que el «proceso» del arte respondía más bien a la diferente consideración de este mundo natural —paralelamente a las cre­en­cias religiosas y a las concepciones filosóficas—, a las relaciones cambiantes entre el mundo exterior y el mundo interior: desde una espiritualidad que evitaba la materialidad del mundo situando las cosas en un ámbito atemporal como lugar de la «auténtica» belleza, a la representación, primero, y la presencia, más tarde, de la materia más execrable en el arte, pasando por la aceptación de las consecuencias del devenir temporal —condición sine qua non del cuerpo.

Uno de los resultados más originales de Pintura anémica, a mi parecer, fue la propuesta de un nuevo método de análisis para las obras de arte, basado principalmente en la semiótica, donde tenían cabida tanto los fines —la representación— como los medios —la presencia, la técnica, los rastros de la ejecución. Derivado este procedimiento de las conclusiones recién indicadas, se aparta de otros métodos, como el iconológico de Panofsky, que aún hoy en día tiene una vigencia desmesurada si tenemos en cuenta que su ámbito de aplicación, así como los modelos históricos ya mencionados, se reduce a unas épocas muy concretas de la historia del arte. Lejos de menospreciar el mérito de sistemas como la iconología, pues en su momento supuso todo un avance y fue de gran utilidad para enfrentarse a un gran número de obras artísticas, sobre todo las producidas en los periodos del Renacimiento y del Barroco, lo que pretendo con este apunte es indicar que a pesar de la validez de un método sus limitaciones no deberían quedar desatendidas, ni evitar la introducción de otras operaciones que serían más adecuadas para el estudio de una disciplina. Estas son las precauciones con que Salabert había elaborado su técnica, y lo demuestra cuando amplía unos capítulos más delante de la primera exposición para ir a ver aquellas obras de arte que, por ser metalenguajes, difícilmente cabrían en la relación contenido mental-texturalidad, ampliación con la cual parecía pedir a los futuros aplicadores del método las mismas prevenciones que a él mismo lo habían determinado.

Así, si la precuela de La redención había resultado un propósito cumplido, la secuela de Pintura anémica es ahora la conclusión de aquellas consecuencias del problema en su planteamiento inicial —el oscilar de la materialidad en el arte—, todo ello teniendo en cuenta que si al enfrentarnos a un problema hay que establecer las causas para controlar los hechos, el autor tampoco puede restar importancia a los efectos. Y esto no sólo lo constatamos en la relación de un libro a otro, sino que ya se encuentra en cada obra.

El vaivén de la materialidad en el arte quedaba al final de Pintura anémica fijado en lo que el autor denomina «su­cu­len­cia», artificialidad y tortura de un cuerpo que caracteriza numerosas manifestaciones del arte contemporáneo. Esta suculencia, encarada con el otro extremo (la pintura más pretendidamente espiritual), parecía apuntar a una inversión de los intereses del arte, tal vez ahora dirigidos a la provocación. Pero ya se insinuaba otra posibilidad, que tan solo se desarrollaría en La redención, una posibilidad que consigue demostrar de qué manera aquel interés, aquella búsqueda, en el fondo no ha cambiado de sentido sino que ha tomado otra vía. Así pues, con La redención de la carne Salabert ha ido al «lugar del crimen» a recoger el qué del alma en el arte, aprovechando su viaje para ampliar la teoría y la estética contemporánea —lo que daría más cuerpo a sus indagaciones— al situar adecuadamente en su lugar elementos categóricos como el asco, la repugnancia, y aquella otra categoría estética relacionada con éstos: la abyección.

La obra se divide en cuatro partes en las que el autor urde la filosofía, el psicoanálisis y el arte para configurar una trama en la que se presentan y recuperan los motivos, adelantando, sin exponerlas íntegramente, las conclusiones finales. Es por eso que aun siendo La redención de la carne un libro más fluido en la escritura —y en consecuencia de lectura más fácil— que la Pintura anémica, exige una atención constante que recupere los puntos esenciales que conducirán al final. Sin embargo, dado que la obra no carece de una exposición ordenada, lógica y clara, después de una introducción que es al mismo tiempo declaración de intenciones, la primera parte sintetiza el recorrido que ha realizado el arte, paralelamente al pensamiento, en relación con el cuerpo y la materia en general, ampliando las reflexiones de Pintura anémica con nuevas fuentes, entre las que tal vez cabría destacar el interesante juicio de valor que Salabert efectúa acerca de los trabajos del anatomista con aspiraciones de artista Gunter von Hagens, que expone por todo el mundo auténticos cadáveres conservados mediante su técnica, la plastinación. Pero ya hemos visto que nada es gratuito en la obra, y así como las apreciaciones que el autor realiza del anatomista le sirven para entrar en la distinción y razón de ser de las sensaciones turbadoras que han hecho incursión en la estética, también lo conducen a una evaluación directa y sin tapujos, al mismo tiempo que medida, de los criterios de creación, recepción y estimación de los productos del arte actual.

Mientras la segunda parte del libro se ocupa del rechazo cultural del cuerpo con el deseo de liberar el alma (antiguo deseo de raíz platónica) dando paso a la recuperación y exaltación de la materia, la tercera parte se centra en su degradación, la pudrición de la carne. Encontramos así, finalmente, la síntesis que uniría las tendencias que hasta ahora parecían tan inconciliables. Y esta síntesis la encontramos a partir de la mencionada teoría de la abyección, ligada, a modo de ejemplo, a una de las últimas obras del artista catalán Marcel·lí Antúnez, Sistema necrosis. Una obra que expone un cadáver en descomposición de auténtica carne a la vista del público, un cadáver —carne de cerdo y ternera combinadas— que oculta en su interior, con el esqueleto, las conocidas palabras del poema de Foix: «És quan dormo que hi veig clar».

Esto ilustra a la perfección la tesis de Salabert. Por una parte, la elección de un mensaje cuyas evocaciones, muy interesantes, reciben su justo comentario; por otra parte, la conclusión del leit motiv del libro: el origen del alma, pero invirtiendo la consideración de aquel alma espiritual de tradición platónica y cristiana para ir a parar a la idea de un alma menos espiritual, más humana, relativa a la vida del ser humano que queda, una vez desaparecido el cuerpo, como memoria que ocupa por un tiempo de duración variable el lugar que éste había ocupado. Se trata de aquel alma, al fin y al cabo, que tan justamente nos transmiten acciones como la del joven que se lanza a los brazos de su abuela cuando lo que en realidad querría abrazar y besar es su ternura, la bondad que se desprende de sus actos, como relata Proust en su novela En busca del tiempo perdido.

Una exacta selección de imágenes sirve de cita a la exposición del pensamiento del autor. De manera parecida a la Pintura anémica, pero aún más claramente, aquí las imágenes resultan el colofón de las ideas que se exponen, lo que causa un efecto parecido al experimentado por el excursionista que después de una dura caminata advierte de repente que la meta que buscaba estaba en su interior y lo había acompañado durante todo el trayecto.

He mencionado antes la semiótica ­—ausente en la obra reseñada— como una de las disciplinas con peso en la metodología que había expuesto Salabert en el libro anterior. Así como también he mencionado otras líneas de pensamiento, cabe retomar el punto de la dificultad de clasificación de la obra en una materia o género determinados. El autor nos lo advierte decantándose, si tuviera que tomar partido, por la antropología filosófica, eso sí: «a condición de no ser demasiado exigente», porque si lo que se quiere es analizar un fenómeno, conviene no quedarse en un punto de vista unilateral; por el contrario, es más provechoso hacer intervenir la mayor parte posible de perspectivas, sobre todo si el tema tratado comporta elementos que rehuyen la especialización, al ser volátiles en sus manifestaciones. No se trata, pues, en este sentido, sólo del arte, que como actividad humana retrotrae a la condición del colectivo que es su creador, ni de las manifestaciones contemporáneas que rechazan todo aquello que la estética tradicional había imputado al arte para hacer entrar en él lo que le había negado, sino del trasfondo que según Salabert hay en las tendencias extremas e intermedias de la «pintura anémica», por un lado, y del «arte su­cu­lento» por el otro: cuerpo y alma, presencia y representación, realidad y ficción, que en el fondo no se oponen sino que interactúan y se complementan mutuamente.

Todavía querría destacar, para concluir, la ironía que el autor consigue conjugar de manera magistral con el riguroso tratamiento de los cabales, y en ocasiones (me atrevería a decir) trágicos, temas que lo ocupan.


30 de nov. 2005

Post - Col·loqui "La insegura fascinació de les imatges"

El Col·loqui La insegura fascinació de les imatges va celebrar-se el 26 de novembre de 2005 al Centre d'Art Santa Mònica. Ara podeu veure algunes de les fotografies dels diversos actes.


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Pere Salabert i Juan José Lahuerta


Pere Salabert, Juan José Lahuerta i Joan Sureda


Manuel Delgado, Elsa Plaza i Anna Guasch


Imma Socias i Tania Alba


Assistents



20 d’oct. 2005

Col·loqui: La insegura fascinació de les imatges

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Centre d'Art Santa Mònica

Dissabte dia 26 de nov. 2005

Direcció: Pere Salabert

Comitè:
Anna Guasch Imma Socias Joan Sureda

Secretaria:
Tania Alba: alba@ub.edu

L'objetiu de l'art medieval era la Divinitat devers la qual els signes s’afanyaven volant com les ànimes platòniques a la cerca de les essències. Aquest afany definia el poder evocador de les representacions, la seva significació cap a un més enllà que tot ho tenia d'inefable. A partir de la Il·lustració, amb el romanticisme i la seva derivació moderna, l'art llisca vers la Naturalesa. Per això la genialitat de l'artista rau en el propi origen —el genius permet l'ingenium, diu Kant—, i la validesa de la seva obra en allò que té de naturalesa, d'original. Només la cua de la modernitat, i sobretot la seva disseminació postmoderna, s'adona d'una veritat que ja era massa evident, aquesta: la cultura humana, sigui o no artística, té com a referència la pròpia cultura, circularment. No hi ha representació, imatge —sigui mental, visual o literària—, que no tingui origen en una altra representació, en alguna imatge, o en un «programa» mental anterior. I això és tan vàlid per al mestre de Taüll com per Dante, Leonardo, Shakespeare o Robert Wilson. L'estructuralisme, passat per Kant i Schopenhauer, això ho tenia clar, així que les seves derivacions post n’han pogut treure conseqüències en adonar-se que tot producte cultural té un rerafons, un background fet d’imatges, hàbits, estructures mentals, etc. La cultura produeix cultura, l'art dóna pas a l'art, i les imatges vida a més imatges.
El 1957, Barthes parlava d'un langage-objet (operativament, no és que hi hagués de creure), un concepte de la semiòtica europea que es feia gran. Era aquella construcció significant que tenia per referent directe el món natural, sense mediacions. Però a aquest món «natural» exterior als llenguatges que el tenen com a primer —si no únic— objectiu, de seguida ve Derrida i li perd el respecte afirmant que no hi ha «hors texte». Ni pensar en l'exterioritat, en un extramurs del llenguatge. Hom buscarà la inimatge rera la imatge, mai la no-imatge. O l'exterioritat dels textos és inexistent o, si existeix, no en tenim notícia. No n'hi ha prou dient que s'ha acabat la metafísica. Fins i tot la física —entesa com estudi de la natura (physis)— seria una de les cares de la lingüística, que ja no tindria com a únic objectiu un llenguatge natural… «Natural» és qualsevol producte de l'activitat humana que es manté actiu i vàlid al llarg del temps i a través de les generacions, cada una de les quals li imposa variacions en fer-se'n càrrec… I això ja és la posterioritat d’allò modern, és la deriva postmoderna en prendre consciència que no hi ha una realitat extralingüística a la qual poder accedir. Així que sempre tenim entre mans, vulguis que no, les formes de significació.
Les tradicionals Belles Arts o el cos humà com a work in process de certes tendències, l'afany identitari que encaixa personalitzacions en sèrie, el teatre en l'edifici teatral o al carrer, l'arquitectura en ciutats-aparador, la moda o l'art comportamental, i el cinema, la TV, la xarxa internet com un «món a mà», etc., fins i tot la pansida retòrica dels media i el discurs polític de semàntica dèbil, tot això és el nostre hàbitat més «natural», el nostre món… ¿De la naturalesa? El llenguatge ¿Del món? El discurs. Enfront de les representacions que moblen un 100% de la nostra vida, ¿com separar l'actitud crítica de la recepció neutra, inconscient o intel·lectualment abúlica, per part dels administrats-consumidors? Com mantenir el sentit crític que era el pharmakon platònic —la vacuna, diríem avui—, en l’actual guirigall d’imatges, inevitables com són? Més ben dit: ¿existeix el «sentit crític», aquesta capacitat de veure no ja darrera sinó entre les representacions, evitant així el mareig platònic enfront dels simulacres?
De bon començament definir la imatge, potser fer-ne una tipologia d'urgència. Mirar, admirar, miratge, imatge. I representar, evocar, suggerir, fascinar… Després, les preguntes de detall. Això és el Col.loqui. Pere Salabert.

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El objetivo del arte medieval era la Divinidad hacia la cual los signos se apresuraban volando como las almas platónicas en busca de las esencias. Este afán definía el poder evocador de las representaciones, su significación hacia un más allá que todo lo tenía de inefable. A partir de la Ilustración, con el romanticismo y su derivación moderna, el arte se desliza hacia la Naturaleza. Por eso la genialidad del artista se encuentra en su propio origen —el genius permite el ingenium, dice Kant—, y la validez de su obra en lo que tiene de naturaleza, de original. Tan solo la cola de la modernidad, y sobre todo su diseminación postmoderna, repara en una verdad que ya era demasiado evidente, esta: la cultura humana, sea o no artística, tiene como referencia la propia cultura, circularmente. No hay representación, imagen —sea mental, visual o literaria—, que no tenga origen en otra representación, en alguna imagen, o en un «programa» mental anterior. Y esto es tan válido para el maestro de Taüll como para Dante, Leonardo, Shakespeare o Robert Wilson. El estructuralismo, pasado por Kant y Schopenhauer, tenía esto claro, así que sus derivaciones post han podido sacarle consecuencias al advertir que todo producto cultural tiene un trasfondo, un background hecho de imágenes, hábitos, estructuras mentales, etc. La cultura produce cultura, el arte da paso al arte, y las imágenes vida a más imágenes.
En 1957 Barthes hablaba de un
langage-objet (operativamente, no es que debiera creer en él), un concepto de la semiótica europea que estaba madurando. Era aquella construcción significante que tenía por referente el mundo natural, sin mediaciones. Pero a este mundo «natural» exterior a los lenguajes que lo tienen como primer —y tal vez único— objetivo, viene Derrida y le pierde el respeto afirmando que no hay «hors texte». Ni pensar en la exterioridad, en un extramuros del lenguaje. Se buscará la inimagen tras la imagen, nunca la no-imagen. O la exterioridad de los textos es inexistente, o, de existir, no hay de ella noticia alguna. No basta con decir que se ha acabado la metafísica. Incluso la física —entendida como el estudio de la naturaleza (physis)— sería una de las caras de la lingüística, que ya no tendría como único objetivo un lenguaje natural… «Natural» es cualquier producto de la actividad humana que se mantiene activo y válido a lo largo del tiempo y a través de las generaciones, cada una de las cuales, al asumirlo, le impone variaciones… Y esto ya es la posterioridad de lo moderno, es la deriva postmoderna al tomar conciencia de que no hay una realidad extralingüística a la que podamos acceder. Así que siempre tenemos entre manos, lo queramos o no, las formas de significación.
Las tradicionales Bellas Artes o el cuerpo humano como
work in process de ciertas tendencias, el afán identitario que encaja personalizaciones en serie, el teatro en el edificio teatral o en la calle, la arquitectura en ciudades-escaparate, la moda o el arte comportamental, el cine, la TV, la red internet como un «mundo a mano», etc., incluso la marchita retórica de los media y el discurso político de semántica débil, todo esto es nuestro hábitat más «natural», nuestro mundo… ¿De la naturaleza? El lenguaje ¿Del mundo? El discurso. Ante las representaciones que amueblan un 100% de nuestra vida, ¿cómo separar la actitud crítica de la recepción neutra, inconsciente o intelectualmente abúlica, por parte de los administrados-consumidores? ¿Cómo mantener el sentido crítico que era el pharmakon platónico —la vacuna, diríamos hoy—, en la actual algarabía de imágenes, inevitables como son? Mejor dicho: ¿existe el «sentido crítico», esa capacidad de ver no ya detrás sino entre las representaciones, evitando así el vahído platónico ante los simulacros? Para empezar, definamos la imagen, hagamos tal vez una tipología de urgencia. Mirar, admirar, ilusión visual... imagen. Y, por ahí, representar, evocar, sugerir, fascinar… Después, las preguntas de detalle. Esto es el Coloquio. Pere Salabert (trad. de T. Alba).





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Programa

——————— MATÍ ————————

—— 9:30 - 10:00

Pere Salabert : «Imatges : mirar, admirar i quedar-se fascinat».

—— 10:00 - 10:30 ( a 10:45 colloqui )

Joan Sureda : «Una certa codificació de la imatge artística».

—— 10:45 - 11:15 ( fins a 11:30 colloqui )

Juan José Lahuerta : «Cuadros de una exposición».

——15 mins. Pausa

—— 11:45 - 12:15 ( a 12:30 colloqui )

Manuel Delgado : «El martiri de les imatges. Iconoclàstia i violència sacrílega a l'Espanya contemporània».

—— 12:30 - 13:45 Taula rodona-diàleg

Joan Sureda : «La imatge de la imatge».

Juan José Lahuerta : «El museo vacío».

Isabel Valverde : «Iconofilia e iconofobia, las imágenes en la Revolución Francesa».

——14:00 - 16:00 Dinar

——————— TARDA ————————

—— 16:00 - 17:15 Taula rodona-diàleg

Anna Guasch : «Visualitat i construcció d'imaginaris socials».

Elsa Plaza : «La feminitat com a representació».

Manuel Delgado : «La identitat: imatge o miratge

——15 mins. Pausa

—— 17:30 - 18:00 ( a 18:15 colloqui )

Imma Socias : «El burdell filosòfic (Picasso, Rembrandt). Transversalitat històrica».

——18:15 - 19:30 Taula rodona-diàleg

Tania Alba: «La il·lusió de la imatge. “La dona del quadre” de Fritz Lang».

Joaquin Barriendos: «El exotismo radical domesticado. Imágens de alteridad» .

Laia Manonelles: «La imatge identitària: l’ésser per als altres (sant Genet-Sartre)».

—— 19:30 - 19:45 / 20:00

Isabel Valverde : «Recapitulació» del Col·loqui».

Pere Salabert : Cloenda

Aquest col·loqui és una extensió del Pla de doctorat "Història, teoria i crítica de les arts", del Dept. d'Història de l'Art de la U.B.

30 de set. 2005

Tania ALBA

Es profesora asociada del Departamento de Historia del Arte de la Universitat de Barcelona y técnica de archivos trabajando con frecuencia para el Archivo de la Corona de Aragón. Doctora en Historia del Arte, especializada en estética y teoría del arte, con la tesis Genealogías de lo siniestro como categoría estética, dirigida por Pere Salabert. Coeditora, con Magda Polo y Enric Ciurans del libro Accionisme. En els límits de l'art contemporani (2013). Autora del libro Pere Cánovas, l'Art del vitrall (Sant Adrià de Besòs, 2005). Ha escrito artículos de su especialidad en publicaciones académicas de arte, como la revista MATERIA, del Dept. de Historia del Arte de la Universitat de Barcelona.

22 de set. 2005

Elsa PLAZA

Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona, con la tesis "Acerca del tiempo y la memoria: hacia una estética de la intuición".

Dibujante e ilustradora para Diari de Barcelona, Dunia, Hogar y Moda, Ama, Práctica, Círculo de Lectores, Prus Science, entre otros.

Colaboradora de la histórica Agenda de les dones.

Ha publicado numerosos artículos sobre estética, arte y teoría feminista en publicaciones de la Universidad de Barcelona: Revista D'Art, Matèria, Papeles de Warmi, Duoda, y otras publicaciones y catálogos.

En los últimos años ha publicado dos novelas: Rojiza penumbra en casa de Claude (2006, ed. Barataria) y El cielo bajo los pies (2009, Edhasa- Marlow).

20 de set. 2005

Herman PARRET

Profesor Emérito de filosofía de la Université de Louvain (Bélgica). Doctor Honoris Causa, Université de Limoges (Francia).
Entre muchos otros libros, ha publicado: Semiotics and pragmatics (Amsterdam-Philadelphia, 1983), Les passions. Essai sur la mise en discours de la subjectivité (Bruxelles, 1986), Le sublime du quotidien (Paris-Amsterdam, 1988), The aesthetics of communication. Pragmatics and beyond (Dordrecht-Boston-Londres, 1993), Présences (en Nouveaux Actes Sémiotiques, Limoges, 2002).
De publicación más reciente son las obras: Epiphanies de la présence (2005-06) y Sutures sémiotiques (2005-06).

9 de set. 2005

Dominique CHATEAU

Es profesor de Estética y director de la École Doctorale en Arts plastiques, Esthétique et Sciences de l'Art (Université Paris I, Panthéon-Sorbonne).
Entre sus publicaciones destacan: La question de la question de l'art (Paris, 1994), Le bouclier d'Achille (Paris, 1997), L'art comme fait social total (Paris, 1998), L'héritage de l'art. Imitation, tradition et modernité (Paris, 1998), Duchamp et Duchamp (Paris, 1999), Arts plastiques: archéologie d'une notion (Nimes, 1999), Qu'est-ce que l'art (Paris, 2000), Cinéma et philosophie (Paris, 2003), John Dewey et Albert C. Barnes: philosophie pragmatique et arts plastiques (Paris, 2003).

Gisèle CHABOUDEZ

Es médico psiquiatra y psicoanalista, miembro de Espace analytique.
Ha publicado Le concept du phallus (Paris, 1994), L'Equation des rêves (Paris, 2000),
Rapport sexuel et rapport des sexes (Paris, 2004).

7 de set. 2005

Jacques NASSIF

Es psicoanalista, miembro de los Carteles constituyentes del análisis Freudiano en París y de Invenció Psicoanalítica en Barcelona, formando ambas parte del Inter-asociativo Europeo.
Traductor de diversas obras al español y al francés, también ha publicado varios libros entre los que destacan Freud, l'Inconscient (Paris, 1977), Martin l'Archange (en coautoría con P. Boutry, Paris, 1985), L'écrit, la voix (Paris, 2004), así como Un buen casamiento (Buenos Aires, 1997) y Elvira quiere ser psicoanalista (Barcelona, 1998), editadas originalmente en francés y traducidas al español.